Vai al contenuto

Europa en el Mundo. Perspectiva de Familia

La familia es una institución natural, prepolítica y prejurídica, que en absoluto debe estar regida por el Estado. Es quizá uno de los ámbitos de libertad más esencial para la persona y que por ello debe ser más protegido, ya que, si no se remedia, puede llegar a estar en peligro de extinción[1]. Son estas unas afirmaciones muy rotundas que probablemente sea necesario explicar, no tanto porque no sean esencialmente así, si no por cuanto en la sociedad actual podemos observar cómo la deriva de las políticas familiares parece que nos empujan hacia otro escenario, que, a pesar de la propaganda, no augura un futuro mejor.

La familia existe desde que existe el hombre. Gracias a ello, no solo ha sido posible la supervivencia del hombre, si no que de la misma existencia de las familias han surgido otras comunidades mayores y más complejas, que sin duda han ayudado al desarrollo y al avance de la humanidad[2].

Cuando afirmamos que es uno de los ámbitos de libertad más esenciales para el hombre, es porque en la familia la persona es acogida y es querida por lo que es, sin necesidad de ninguna contraprestación. Así se acoge la nueva vida que viene al mundo, y cuyo lugar propio, aunque no siempre sea así, es el seno de una familia, y así se desarrolla en un entorno seguro la vida de cada uno[3] aunque haya ocasiones en que tampoco sea así. En ella la persona aprende a ser y desarrolla su humanidad, siendo así que, junto con el desarrollo de su originalidad y personalidad, junto con la realidad de ser único e irrepetible, también aprende a formar parte de una comunidad fundamental y los presupuestos básicos para ser miembro de otra comunidades mayores. Es por eso que la familia es la primera Escuela de Humanidad[4].

Por estas razones y por otras muchas debería ser una consecuencia lógica la afirmación del papel subsidiario del Estado con respecto a la familia. Esa subsidiaridad llevaría, en el más puro sentido común por otra parte, a que el Estado en ningún caso pretendiera asumir las funciones que naturalmente le corresponden a la institución familiar y a cada familia (cuidado, crianza, educación…), si no que tan solo debería servir de apoyo y prestar la ayuda necesaria para que de nuevo la familia como institución y cada familia en concreto, pueda cumplir su misión propia y específica, por otra parte absolutamente necesaria para el desarrollo de la sociedad[5].

En esa subsidiariedad, las políticas familiares que adopte, o las de alto impacto familiar, tienen una gran relevancia en lo que puede y debe ser el desarrollo de la familia. Igualmente, el diseño de esas políticas familiares, de una manera evidente, contribuyen a fortalecer la institución familiar o, por el contrario, son una pieza más en la devaluación (al menos en cuanto a imagen social) de lo que en cualquier caso es básico e insustituible para el hombre.

Las políticas familiares podemos entenderlas como la intervención de los poderes públicos que pretenden proteger y promover el derecho individual a formar familias y establecer relaciones familiares y también aquellas actuaciones dirigidas a cambiar la estructura y las estructuras de la vida familiar.

Si bien la protección y la promoción, dentro del marco de la subsidiariedad que hemos mencionado anteriormente, son obligaciones de esos poderes públicos, el cambio en las estructuras familiares nos hace pensar en una intromisión que excede esa subsidiariedad y que previsiblemente puede restringir los ámbitos de libertad que le son propios y constitutivos.

No es una exageración el afirmar que la obligación de los poderes públicos es precisamente esa protección y promoción. El artículo 16 de la Declaración universal de Derechos Humanos, en su punto 3 afirma que «la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado».

Por su parte la constitución española, en su artículo 39 señala que «los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia». Y la constitución italiana en sus artículos 29-31 hace mención especial a la familia, estableciendo en el artículo 31 acciones promotoras de la familia y del cumplimiento de «las tareas inherentes a ella». Es especialmente relevante recordar este punto, porque en el imaginario colectivo parece desarrollarse la idea de que cuando los poderes públicos, el Estado, llevan a cabo políticas familiares protectoras de la institución familiar están actuando de manera altruista, cuando en realidad no hace otra cosa que cumplir con lo que está establecido en la norma de rango superior, siendo así que reconoce, de manera directa, la importancia y la insustituibilidad de la familia en todo el entramado social.

Si este es el contexto en el que deberíamos movernos en lo que se refiere a la situación de la familia en el marco de la Unión Europea, la realidad de la actualidad hace que nos encontremos ante una situación muy diversa y en gran medida preocupante. Que afecta de manera directa a la importancia misma del papel de la Unión en el contexto internacional, pero de una manera previa si se quiere, a la identidad misma de los países de la Unión y, en última instancia, a su propia supervivencia como un actor destacado dentro de la geopolítica mundial.

Lo cierto es que en todo el entorno de la civilización Occidental se constata desde hace años un descenso de la natalidad. En el marco europeo nos encontramos en unas cifras en las que en muchos países no se llega a la tasa de reemplazo desde hace ya varios años.

Desde luego ese es el caso de España, pero no solo. Según indican las publicaciones y las previsiones de la ONU en lo que se refiere a incremento poblacional, y, consecuentemente el peso específico de cada cultura y área geográfica en el conjunto mundial, nos encontramos con que en un análisis y previsión que abarca desde 1950 hasta 2100. Si en 1950 la población europea era de 549329, en 2020 era de 747636 y las proyecciones estiman que en 2100 haya descendido a 629563.

Este dato hay que ponerlo en relación con la evolución de la población de otras zonas geográficas, especialmente África y Asia.

Tab. 1. Tabla elaboración propia. Datos obtenidos de Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (2019).

Estos datos son suficientemente significativos del deterioro y del declive que sufrirá Europa en lo que a peso e influencia en el panorama internacional se refiere.

Si en 1950 el peso histórico de la población de Europa en el total mundial suponía un 21,7%, según las previsiones que proyecta la ONU, en 2100 será tan solo de un 5,8%. El incremento poblacional de África y Asia por el contrario hacen que su peso específico en cuanto a población se refiere aumente exponencialmente. Ese incremento afectará también a modelos culturales, a identidad social, y a otras características que modificarán, sin ninguna duda el contexto mundial[6]. Junto a ello, hay que tener en cuenta que, debido al descenso de natalidad, la población europea será cada vez más anciana, en comparación con el desarrollo y la juventud de otras zonas geográficas, especialmente las señaladas.

No solo descienden los nacimientos. El declive familiar en Europa se observa también, especialmente en los últimos tiempos en un descenso de la nupcialidad. Ciertamente no son suficientemente significativos los datos de los momentos de la pandemia del COVID19, que ralentizan toda la vida social, también en el compromiso y las celebraciones, sino que con datos previos y lo que se puede observar en lo que se ha llamado la nueva normalidad o la vuelta a la normalidad, la tendencia continúa decreciendo.

Ese descenso en la nupcialidad tiene consecuencias no solo en la demografía, que también, si no en la propia identidad de Europa, porque todo ello contribuye de una manera directa a que los principios propios de nuestra cultura, lo que ha configurado el ser y el desarrollo de Europa, cada vez encuentren un lugar más reducido donde ser transmitidos y acogidos. En esa tarea la familia tiene un papel fundamental y en buena medida insustituible.

Con todas estas circunstancias, llama profundamente la atención la escasez de políticas familiares que estén destinadas a paliar los efectos del fenómeno anterior. Las políticas europeas por regla general, o prestan poca atención a la institución familiar, o bajo los modernos presupuestos de la pluralidad y la diversidad, diluyen el concepto de familia, integrando en él realidades muy distintas, que en muchos casos no reflejan ninguna de las características por las que la institución ha merecido, durante siglos, el respeto y la protección del derecho. Con la crisis y la emergencia de distintos radicalismos esta realidad se acrecienta.

En cualquier caso no deja de sorprender cómo, con la situación de la demografía que se vive en Europa y que ya hemos señalado, se producen fenómenos como que el Presidente Macron, en el discurso de inauguración de la Presidencia francesa de turno, reclame el aborto como un derecho que debe ser incluido en la carta de Derechos de la UE. O que en España, desde el gobierno central no se contempla la realidad de la familia, o se toman medidas que son directamente contrarias a ella: el programa que presentó el presidente del gobierno de cara a la España del 2050[7], la nueva ley del aborto que comienza a tramitarse ahora, o el anuncio de una “Ley de diversidad familiar” que bajo el paradigma de la libertad, nos lleva a esperar la discriminación de la familia padre/madre/hijos, y desde luego de la familia numerosa.

A pesar de todo ello es necesario señalar la existencia de diversas iniciativas promovidas por otras instituciones, casi todas ellas que emanan de la sociedad civil, cuyo objetivo es ayudar a las familias en sus diversas problemáticas concretas, y poner en valor la familia como institución. El Observatorio The Family Watch, por ejemplo, periódicamente se hace eco de las que le parecen más relevantes y significativas. Con respecto a Italia, por ejemplo, señala el plan Distrito Familia, en Trento, un plan de políticas familiares aprobadas con un amplio consenso político en colaboración con el sector privado para que todas esas políticas públicas de la región analicen el impacto en las familias y traten de beneficiarlas.

Y la propia FAFCE no solo se hace eco de tales iniciativas si no que establece sinergias y acciones concretas entre distintas asociaciones cuyo objetivo es la promoción o la ayuda a las familias, además de promover el asociacionismo en este ámbito y servir de voz en las instituciones europeas. En la UE tienen prevista la implantación de una directiva relativa a la conciliación de la vida familiar y profesional de progenitores y cuidadores que pretende atender a la incorporación de la mujer al mercado laboral incentivar que sea el varón el que también disfrute solicite pues permisos laborales relacionados con la familia o cuidar familiares enfermos. aunque hay que tener en cuenta que de nuevo la crisis económica parece que afectará a la implantación efectiva de estas medidas.

Cabría preguntarse si queda entonces toda la acción posible circunscrita al ámbito civil. Y es justo señalar que no. En el seno de algún país de la UE se están llevando a cabo políticas familiares que parece que dan resultado y comienzan, muy lentamente a invertir la tendencia en la que se mueve el resto de la Unión.

Algunas de las medidas implantadas en Hungría poco a poco van obteniendo ciertos resultados en lo que se refiere a promoción de la familia y natalidad.

En 2011, el gobierno húngaro comenzó a imponer deducciones fiscales a las familias que varían en función del número de hijos y benefician a casi la mitad de los trabajadores húngaros La cantidad varía progresivamente según el número de hijos. Cabe señalar que se puede acceder a partir de la 12 semana de embarazo y así se reconoce la vida del no nacido.

En 2019 se dictaron más beneficios fiscales a través del Plan de Acción para la Protección de la Familia. Definitivamente la perspectiva que se adopta con estas políticas es de una mirada que pretende ver y cuidar a la familia.

Préstamos a los matrimonios que se devolverán también dependiendo del número de hijos, facilidades en el acceso a la vivienda, ayudas para la compra de coches para familias numerosas o vincular a los abuelos de manera directa en la crianza de los nietos son parte de ese paquete de medidas que más allá de favorecer el incremento de la natalidad, muestra de manera evidente que el fortalecimiento de las familias es necesario para el desarrollo social.

En Italia también la sociedad civil impulsa la creación y el desarrollo de nuevas políticas familiares. De la celebración de los Estados Generales de la Natalidad parece haber surgido el compromiso, después de la aprobación de la Ley de Familia, del desarrollo de los decretos necesarios para su aplicación concreta atendiendo a la realidad de la situación familiar.

En el caso del territorio español, en especial en la actualidad, se está dando también esta paradoja. Como se ha señalado, desde el gobierno central las medidas que se toman ignoran la realidad de la familia y de las familias en el desarrollo social. Las medidas legislativas aprobadas y las anunciadas se desarrollan todas en el mismo sentido. La ley de eutanasia o la ley de educación (LOMLOE), la ley de protección de la infancia, junto con las anunciadas leyes de modificación del aborto, o la ley de diversidad familiar discriminan o ignoran el papel de la familia constituida por padre/madre e hijos y que más allá de este núcleo, extiende y contempla más relaciones familiares (abuelos, tíos, primos, …).

Al mismo tiempo, algún gobierno autonómico presenta una serie de medidas promotoras de la natalidad y la maternidad. Con sus luces y sus sombras. Pero que quizá puedan suponer una ventana a la esperanza. La Comunidad de Madrid, en el desarrollo de su gestión autonómica, ha presentado recientemente el proyecto “Estrategia de protección a la maternidad y la paternidad y de fomento de la natalidad y la conciliación /2022-2026”[8].

En esa estrategia encontramos como aspectos positivos, entre otros, las ayudas económicas y fiscales a las parejas jóvenes, que se considere al concebido no nacido como un miembro más de la unidad familiar o ayudas a las mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad, así como el refuerzo de la red de centros maternales para ayudar a aquellas familias en situación de riesgo. Encontramos también algunos aspectos que nos parecen más cuestionables, o que no acaban de ir al fondo del problema, como por ejemplo cuando se da como un dato la crisis de las familias, pero no se va a las causas que provocan ese hecho. En cualquier caso, no dejan de ser pasos importantes en el intento de paliar los efectos devastadores del declive familiar. Al menos supone un inicio del largo camino que hay que recorrer.

Note

[1] F.J. Contreras Peláez, Hacia la extinción del matrimonio, en C.F. De La Cigoña Cantero, C. Sánchez Maíllo (editoras), La Familia un lugar para nacer y morir, CEU Ediciones, Madrid 2022.

[2] P. Donati, Manual de sociología de la Familia, EUNSA, Pamplona 2003.

[3] C. Fernández De la Cigoña Cantero, C. Sánchez Maíllo (editoras), La Familia un lugar para nacer y morir, CEU Ediciones, Madrid 2022.

[4] Juan Pablo II, Familiaris Consortio, Roma 1981.

[5] Pío XI, Quadragesimo Anno, Roma 1931.

[6] Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Población, Perspectivas de la población mundial 2019: Volumen II: Perfiles demográficos, 2019.

[7] Gobierno de España, España 2050, Fundamentos y propuestas para una estrategia nacional de largo plazo, Ministerio de Presidencia, Madrid 2021.

[8] Comunidad Autónoma de Madrid, Estrategia de protección a la maternidad y la paternidad y de fomento de la natalidad y la conciliación /2022-2026, 2022.

Bibliografia

Contreras Peláez, F.J.
2022 Hacia la extinción del matrimonio, en C.F. De La Cigoña Cantero, C. Sánchez Maíllo (editoras), La Familia un lugar para nacer y morir, CEU Ediciones, Madrid.

Donati, P.
2003 Manual de sociología de la Familia, EUNSA, Pamplona.

Fernández de la Cigoña, C., Sánchez Maíllo, C. (editoras)
2022 La Familia un lugar para nacer y morir, CEU Ediciones, Madrid.

Juan Pablo II
1981 Familiaris Consortio, Roma.

Pío XI
1931 Quadragesimo Anno, Roma.

Constitución Española, 1978.

Constitución de la República Italiana, 1948.

Declaración Universal de Derechos del Hombre, 1948.

Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Población
2019 Perspectivas de la población mundial 2019: Volumen II, Perfiles demográficos.

Comunidad Autónoma de Madrid
2022 Estrategia de protección a la maternidad y la paternidad y de fomento de la natalidad y la conciliación/2022-2026.

Gobierno de España
2021 España 2050, Fundamentos y propuestas para una estrategia nacional de largo plazo, Ministerio de Presidencia, Madrid.

Autore

  • Sposata con tre figli. Direttrice dell’Istituto di Studi per la Famiglia CEU dal maggio 2019. Consigliera nazionale dell’Associazione cattolica di propagandisti (ACdP) dall’ottobre 2016. Interviene con articoli e contributi in diversi media su temi di famiglia e vita. Laureata e Dottore in Diritto e premio straordinario di dottorato della facoltà di diritto dell’università Complutense di Madrid. Professoressa di Dottrina sociale della Chiesa nell’Università CEU San Paolo di Madrid. Patrona della Fondazione San Paolo di Aiuto allo Studio dall’ottobre 2016. Vice-rettore alunni dell’Università CEU San Paolo (2009-2011) e Segretaria dell’Istituto di materie umanistiche Ángel Ayala-CEU (2000-2009). Responsabile amministrativa di Radio Maria Spagna (2011-2013).